domingo, 7 de febrero de 2010

Pedro y Juan - Guy de Maupassant

Pierre et Jean (1888)
Guy de Maupassant


Pedro y Juan es la cuarta novela de Guy de Maupassant. La concibió en el verano de 1887, pero no fue publicada hasta enero de 1888. Es una novela breve en cuyo prólogo -titulado La novela y que en su momento levantó ampollas- el autor trata el tema de la novela naturalista.

En esta ocasión quiero centr
arme en la historia en sí, que me ha parecido una pequeña delicia por el análisis psicológico al que Maupassant somete a sus personajes, dejando abiertos los resquicios pertinentes para que el lector decida sobre qué pensar con respecto a los mismos. Ésta es una historia simple, no tiene grandes complicaciones argumentales. En ella se narra cómo las apacibles vidas de los miembros de la familia Roland se ven alteradas cuando Juan, uno de los hijos, recibe una cuantiosa herencia de Maréchal, un "viejo amigo de la familia". Su hermano Pedro, que se halla en una situación económica no muy desahogada, comienza a reflexionar sobre el por qué solamente Juan recibe la herencia, sin que ésta sea repartida entre los dos hermanos, pues Maréchal guardaba el mismo afecto hacia ambos... Y esa reflexión conducirá a Pedro hacia un descubrimiento que destrozará la aparente unidad familiar de los Roland. Aunque, eso sí, jamás se romperán las apariencias.
Jamás.

Ni siquiera ante la futura nuera de los Roland, Mme. Rosémilly. Y esto no deja de ser significativo y da qué pensar. Por ejemplo, sobre la verdadera causa
del por qué los Roland, una familia de burgueses acomodados que regenta un comercio de joyas en París, se traslada a Le Havre.

Pero veámoslo a través de sus personajes:

Gérôme Roland
, el pater familias.
Es el único personaje que no goza de descripción física, por simple que sea. Tampoco sus amigos personales, el capitán Beausire y Papagrís, a. Jean Bart, se nos describen. Es un antiguo joyero de París cuyos ahorros y rentas le han permitido retirarse a Le Havre para dedicarse a su gran pasión: la pesca. Es lo único que le mueve, lo demás es bruma marinera. Así que una de dos: o bien es un tipo brillante y de genio encubierto que se hace pasar por un ablandabrevas para que le dejen en paz con su monomanía o bien es un pobre hombre, pusilánime que vive feliz dentro de su burbuja de ignorancia, que es lo más probable. Pero, ¿y si monsieur Roland supo que su mujer le engañó con Maréchal y que Juan no es su hijo? En ese caso, hubieran podido largarse de París solo por guardar las apariencias de familia feliz y sin mácula, y no por el gusto de retirarse de la vida parisina para ir a pasar el resto de su vida pescando.
Me temo que nada más lejos de la realidad que nos presenta Maupassant... Gérôme Roland es un padre despreciado por sus hijos, su mujer y su
futura nuera. Todos toman decisiones que no le explican hasta ya bien tomadas y aún si no se olvidan de comunicárselas. Una nulidad de hombre. Feliz, eso sí.

El caso es que al final todos los personajes principales evolucionan en mayor o menor medida. Todos menos Gérôme Roland. Es también el más feliz dada su ignorancia: No sepas, no indagues, no te inmiscuyas, mantente en un saludable estado ignaro ante la vida, y te salvarás. Ni envidiado ni envidioso, ni amante ni amado, monsieur Roland camina por la vida de puntillas, sin ruido y sin levantar el polvo del camino. Una vida suave y sin sobresaltos. Un hombre anodino. Un pobre hombre, a secas.


Louise Roland, esposa de Gérôme y madre de Pedro y Juan. Tiene unos 48 años, pero no los aparenta. Parece más joven, tal vez se cuida, a pesar de la vida retirada de París. Quizás durante esos años de retiro se cuidaba con la esperanza de que su antiguo amante regresara a por ella, pero lo desconocemos. Maupassant no da pistas porque no es necesario: el nucleo de la trama no son las circunstancias de los padres, sino la de los hijos, Pedro y Juan.
Louise no me ha convencido. Creo que tiene demasiada tendencia a la vida fácil y cómoda, a la espera resignada de matrona respetable con esqueleto en armario propio. No es justa con su hijo Pedro (¡lo de permitir que Juan, ya enriquecido, también reciba la parte de la he
rencia de monsieur Roland es escesivo!), no es valiente, no es concecuente con sus actos. Y creo que lo más triste es que no trata de hablar con su hijo Pedro. Puede que su matrimonio fuera un fracaso, pero Pedro y Juan no tienen por qué pagar las cuentas.
Pedro Roland. El hijo mayor, tiene 30 años, cinco más que su hermano Juan. Es moreno, fibroso, de cuidadas patillas, bigote y perilla afeitados. Los adjetivos que el definen en la obra son: vehemente, exaltado, inteligente, rencoroso, mudable, tenaz e idealista. Estudió medicina tras media docena de intentos frustrados en busca de su verdadera vocación. Todo lo contrario a su hermano

Juan Roland. De unos 25 años, rubio, alto, muy barbudo. Licenciado en derecho.

Ambos hermanos "se quieren, pero se vigilan". La competitividad es inherente a sus acciones. hasta la llegada de la herencia de Juan, que es la gota que colma el vaso; la superficie se tensa y se agrieta tantas veces que se acaba resquebrajando.
Me llamó la atención un pequeño detalle del capítulo I referente a los brazos de ambos hermanos. Los de Pedro son velludos, un poco flacos pero nervudos, mientras que los de Juan son sólidos, gruesos y rosados, com los músculos abultados. Parece un reflejo de sus caracteres. ¿En qué brazos se podría confiar más plenamente? Louise no lo duda: se inclina hacia el hijo nacido del amor. Sin embargo son tantos los detalles susceptibles de análisis... Y Maupassant no nos da el resultado del paso del tiempo: los destinos de los personajes es algo que debe dilucidar el lector por sí mismo.

Mme. Rosémilly.
Es un personaje muy propio de este autor, ¡y qué pena que no lo explotara más! Basta con ver los cuadros del salón de su casa para hacerse una idea (cap. VIII). Es una adinerada viuda desde hace dos años -en el tiempo de la historia- y solo tiene 23 años. Rubia, esbelta, ojos azules, de expresión "levemente atrevida, resuelta, batalladora, que no concordaba en absoluto con la prudencia y el orden de su espiritu". Una mujer inteligente que "conocía la vida por instinto, como un animal libre, como si hubiera vivido, sufrido, comprendido y pesado todos los acontecimientos posibles, que juzgaba con mente sana, justa y benevolente". Es una descripción que las promete felices desde el primer capítulo, pero la cosa queda ahí, pues no se hacen más análisis de ella en lo que queda de obra.

Aunque merece recordar un detalle que me resulto bastante hilarante: en el capítulo VI, cuando Juan se le declara, ella le da la vuelta a la situación con tanto brío y arte, que de buenas a primeras Juan "se sintió atado, casado, con solo veinte palabras" (...). "¡Ya estaba hecho!". Lista, sí, señor... Y tal vez ella no herede la mentira, la traición de ese nombre que en un futuro cercano adoptará: Mme. Roland. Pero nada lo asegura. Casi parece posible, pero tampoco importa, porque Juan la perdonará. Él siempre perdonará, perdonó a su madre y perdonaría a su mujer.

Sin embargo, ¿qué será del día a día de Louise Roland, Juan y Mme. Rosémilly? ¿Algún día ésta última conocerá el secreto de Maréchal no se llevó a la tumba? ¿Podría ella engañar a su marido, declararle como suyo el hijo de otro hombre?... ¡Nunca lo sabremos!

2 comentarios:

  1. se me iso una novela buena pero le falto mas drama y un poco de accion

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  2. cual es el espacio y el ambiente de la historia?

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