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  1. El corazón es un cazador solitario

    jueves, 7 de enero de 2010

    El corazón es un cazador solitario (1940) de Carson McCullers

    Creo que el principal problema que se plantea en esta novela es la necesidad de comunicación. Todos los personajes tratan de cubrir esa necesidad, pero existe algo que impide que esa comunicación sea, si no perfecta -eso implicaría capacidad de comprensión por parte de emisor y receptor y ya sería pedir demasiado-, por lo menos apta: el egoísmo. En su mayoría estos personajes no ven más allá de su ombligo, ni tan siquiera quienes parecen ser más afines... Jake Blount y el doctor Benedict Mady Copeland y sus búsquedas de la Verdad, por ejemplo. Aquel preocupado por los abusos del capitalismo y éste por la superpoblación. Nadie les hace caso. Me he pasado toda la novela deseando que se encuentren, se conozcan, intercambien sus ideas..., y sin embargo, cuando por fin ésto sucede (segunda parte, capítulo 13), la cosa falla. Es por ese egoísmo que malogra el canal y el entendimiento mutuo. Copeland y Blount se pisan el uno al otro, tratan de imponerse sin ser capaces de aceptar que en algo tienen que ceder si quieren alcanzar una posición desde la que luchar unidos. Pero ninguno cede un ápice. Y acaban como acaban.


    Algo similar sucede entre Biff Brannon y Mick Kelly. Estoy segura de que hubieran llegado a ser grandes amigos e incluso, a la larga -¿por qué no?-, compañeros, una buena pareja. Tal vez Mick consiguiera aprender a tocar el piano, comprarse uno de segunda mano con el dinero de sus ahorros, tal vez tocara en el local de Biff, el café Nueva York. Pero no se ven, no se oyen, no se huelen y siguen solos, cada cual buceando en sus aguas. Brannon la ve, pero no es capaz de darle a entender nada a la chica. No sabe, no puede comunicarse, o quizás espera a que Mick crezca. Sin embargo se desilusiona cuando comprueba que ella ha dejado la inocencia atrás. Entonces Biff olvida, solo.
    Todos ellos, Jake Blount, Benedict M. Copeland, Biff Brannon y Mick Kelly, todos, tienen voz y hablan, hablan, hablan y no paran de pensar, continuamente. Jonh Singer le escribe en una carta a Spiros Antonapoulos que "tienen siempre tantas cosas en su cabeza que no les dejan descansar". Ni escuchar tampoco. Están sordos. "Todo el mundo está ciego, mudo, obstuso..., estúpido y mezquino", piensa Blount en el cap. 4 de la primera parte. Se limitan a interpretarse los unos a los otros, y casi siempre mal. Hay interferecias comunicativas que surgen del propio egoísmo inconsciente.

    Paradojicamente es John Singer, un sordomudo, el único personaje que sabe escuchar (Antonapoulos no departe con el resto de personajes). Aunque solo es pura apariencia: tampoco él se comunica bien con el resto. Nunca habla de sí mismo -como hacen de forma continua los demás-, solo se limita a interpretar en silencio, a cumplir deseos, a crear de forma inconsciente en la mente de los demás una imagen de hombre comprensivo, de interlocutor ideal. Ofrece un reflejo de lo que quieren ver los demás, que por ello se sienten asimilados y comprendidos por Singer. Ellos, por su parte, no le dan nada a cambio. Singer le dice a Antonapoulus que ellos le ayudan a mantener la mente lejos de la soledad. Ya es algo, pero no es suficiente. La prueba es su suicidio tras comprender que sin su "único amigo" jamás nadie le escuchará a él. Antonapoulus, dentro de su idiotez o locura, podía reaccionar bien o mal ante lo que Singer le contara, pero siempre atendía a las manos de su amigo, durante horas y sin descanso. El griego es para Singer lo que le ata al mundo, exactamente lo mismo que lo que Singer es para Blount, Copeland y Mick: un oyente que escucha en silencio y sin emitir opiniones. Alguien que materializa su trozo de sí mismo en el mundo. Que le da sentido.

    Pero, ¿Singer comprende lo mucho que ayuda a los demás? Yo creo que sí. Y tal vez también perciba que los demás no le piensan como individuo, sino como instrumento para alcanzar la paz y el sosiego. Sacan de Singer lo que
    necesitan: ser escuchados y sentirse comprendidos. Luego se van, olvidando a Singer como se olvida un odre vacío después de una fiesta etílica.

    Ni siquiera Mick, que está tan enamorada de él, se da cuenta de las necesidades de comunicación de Singer.
    Solo Brannon ve cómo la gente de la ciudad ha elevado al sordomudo a la categoría de dios casero:


    "(...) la manera como Blount y Mick le habían convertido en una especie de dios casero. Debido al hecho de que era mudo, podían atribuirle todas las cualidades que querían que tuviera. Sí. ¿Pero cómo podia producirse un fenómeno tan extraño? ¿Y por qué?". (Segunda parte, cap. 8).


    Por la soledad de la incomunicación. Así, Jonh Singer muere siendo una leyenda viva, porque todo aquel que le conoció hubiera jurado sobre fuego que Singer era un tipo que sabía escuchar.

    Sin embargo, ¿Singer comprendía a los demás o era el pozo sin fondo donde el abismo absorvía las penas ajenas? Seguramente creyeron en la ciudad que se había suicidado por eso, por haber acumulado en su alma tanta miseria ajena.
    Al menos eso es lo que podrían pensar. Y que Singer era el hombre que sabía escuchar. Todos lo creían así, y jamás se desengañaron. Nunca supieron qué pensaba o qué sentía John Singer.
    No les importaba.
    Lo más triste es que despedimos a
    los personajes sabiendo que ni siquiera se han dado cuenta de lo que Singer pudo significar en sus vidas.
    Se marchan sin aprender la lección.
    Lástima.

    Carson McCullers (1917 - 1967)


  2. 1 comentarios:

    1. Gabriel dijo...

      ¡Qué gran libro, Hypathia! ¡Y qué estupenda reseña! Has conseguido que prolongara un poco más el placer de su lectura. Mil gracias :)

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