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  1. La perla - John Steinbeck

    jueves, 11 de marzo de 2010

    The Pearl (1948)
    John Steinbeck

    Traducción de Horacio Vázquez Rial
    Editorial: Edhasa

    "... triste como pocos, pero absolutamente delicioso", me escribió como final de dedicatoria Gabriel al regalarme esta novela. Es él quien me está descubriendo a Steinbeck y la pena que tengo es que la palabra "gracias" se queda sin significado ante la satisfacción que siento ante esa revelación. Ninguna obra de John Steinbeck da lugar a la indiferencia, es pura vida, latente e infinita. Vaya, que toca la fibra sensible, como se suele decir: machaca y hunde, pero al emerger de entre sus historias uno siente el ánimo vigorizado y dispuesto a la batalla cotidiana...


    Durante su lectura hubo muchos aspectos que me llamaron la atención: el poder de la palabra, la imagen de la mujer en la obra de Steinbeck, la marcada diferencia social determinada por el racismo, la avaricia y la violencia... Sin embargo hubo un detalle que me pareció muy especial, y es la relación que se establece entre el Hombre y la Naturaleza.

    En los dos primeros capítulos, antes del hallazgo de la perla, es absoluta la comunión entre Kino y la Naturaleza. Lo primero que hace éste personaje, en el primer amanecer que se nos relata, es salir al exterior de su cabaña para hacer su particular y cotidiano saludo al amanecer y a cuanto le rodea: sitúa y establece vínculos con su mundo. Existe una presencia constante de animales -los gallos, los cerdos, una cabra, hasta una polilla en busca de luz y calor-, y una especial simbología relacional entre ellos y Kino, en especial con las hormigas y cierto tímido perro negro y famélico al que Kino habla con palabras cariñosas. Este perro volverá a aparecer más adelante, en la noche de ese mismo día. Pero Kino ya no será el mismo hombre que fue por la mañana, un hombre que percibía cuando de bueno le rodeaba y escuchaba embriagado la Canción de la Familia..., pues el hombre ha sido transformado por el hallazgo de la Perla del Mundo, y por todo lo que ésta, en la vida humana, conlleva. Así que por dos veces el perrillo se acercará a Kino en busca de caricias o de alimento, pero ya Kino ni tan siquiera se percatará de su presencia, porque en su mente solo existirá la perla y lo que ésta le acarreará en el futuro. El animal comprende que algo ha cambiado en Kino y ya no vuelve a insistir.

    Con las hormigas sucede algo similar, pues Kino se fija en ellas dos veces a lo largo de la narración: durante la primera mañana (capítulo 1) y durante su huida del pueblo de La Paz (capítulo 6):

    - Aquel primer amanecer, aún sin la perla, Kino observa cómo "las hormigas se afanaban en el suelo, unas grandes y negras, con cuerpos brillantes" -similares a los poderosos del pueblo: el médico, los compradores de perlas, etc.- "y otras pequeñas, polvientas y rápidas" -como su gente, pescadores de perlas que viven en las cabañas del extraradio-. "Kino observó con la objetividad de Dios cómo una hormiga polvorienta trataba frenéticamente de escapar de la trampa de arena que una hormiga león había preparado para ella". (Capítulo 1). Acaso fuera una premonición, un aviso de la Naturaleza, pues también Kino se sentirá atrapado y tratará "frenéticamente" de escapar de una "trampa de arena" en forma de perla (el origen de las perlas son granos de arena).

    - En el capítulo 6, durante su huida, el héroe vuelve a fijarse en las hormigas, pero en esta ocasión su actitud hacia ellas ha cambiado sensiblemente, como con el perro. Ahora ya no "observará con la objetividad de Dios" a los laboriosos insectos, sino que pondrá un pie para bloquearles el camino e interrumpir su trabajo: "Entonces la columna (de hormigas) pasó por encima de su empeine y continuó el curso de su avance, y Kino dejó el pie allí y las miró andar sobre él".

    Las hormigas le dan una lección a Kino, una lección que permanecerá en su ánimo aunque nada nos lo de a entender. No en vano Steinbeck empleó esas metáforas, y más tratándose de una novela corta, donde cada gesto, cada palabra tienen su razón de ser: son ejemplos de comportamiento que la naturaleza le brinda a Kino. Ésta permanece inalterable en su evolución cíclica. No se ve afectada ni por la ambición ni por la avaricia. Los accidentes -un pie que intercede el camino- son superados por el instinto de conservación. Ese instinto lo tiene más desarrollado la mujer en el mundo steinbeckiano, sobretodo las mujeres que ya son madres. Es el caso de Juana. Por eso le llama la atención a Kino sobre el mal que les está provocando la posesión de la perla: al final de los capítulos 3 y 4, en estructura simétrica, Juana trata de convencer a Kino de que esa perla les arrastra a la perdición, y aboga por destrozarla o devolverla al mar.


    Sin embargo Kino reniega. Piensa en un futuro mejor para Coyotito y en la evolución de su raza a través de su hijo. Lo que no sabe, o no acepta, es que esa evolución viene dada por la lucha generacional, por el día a día haciendo camino, por la causalidad, por la necesidad y sí, también por la casualidad, pero no por un único y accidental golpe de suerte -al que hay que estar preparado-.


    "Las perlas eran accidentes, y hallar una era una suerte, una palmada en el hombro dada por Dios, o por los dioses, o por todos ellos". (Capítulo 2)


    Por otra parte, la Naturaleza es tan constante en su equilibrio entre lo cruel y lo magnánimo que jamás "abandona" a Kino. Es lógico, pues el hombre forma parte de la misma, pero no todos los personajes saben verlo, ciegos por el sentimiento de superioridad:


    "Porque se les da algo y quieren alfo más. Y esto se dice con desprecio, cuando es una de las mejores cualidades de la especie, una cualidad que la ha hecho superior a los animales, que están satisfechos con lo que tienen". (Capítulo 3)

    Y no obstante esa ambición mal enfocada puede conducir a la ruina, a un pozo negro del que ni luchando se puede salir indemne. El hombre no está solo, ha de interactuar en conjunto y nada depende únicamente del héroe. A Kino le dice su Juan Tomás, su hermano:

    "Tú has desafinado, no a los compradores de perlas, sino a la estructura entera, al modo de vida entero, y temo por tí." (Capítulo 4).

    Luchar contra el sistema establecido o someterse a él.
    Kino solo es un hombre. Una mezcla de loco y de dios. Un hombre que soñó con casarse por la Iglesia, tener ropa nueva, un arpón, acaso una Winchester y que su único hijo supiera "lo que dicen los libros", para que nadie pudiera abusar de él como abusaban de su gente.
    Como lo habían hecho desde hacía cuatrocientos años de historia.
    Luchar o someterse.

  2. 6 comentarios:

    1. Gabo dijo...

      Me alegro de haber dado en el clavo con el regalo, Hypathia. No hay nada más satisfactorio para quien regala un libro :D

      Besos,

      Gabriel

    2. Hypathia dijo...

      Steinbeck, Conrad, Melville... ¡Y con el mar de fondo!

      ^_^

      ¡¡Un abrazo!!

    3. Jorge dijo...

      Hace ya unos años que leí este libro, y tan buen sabor de boca me dejó que en tres ocasiones lo regalé ya. Steinbeck fue uno de esos descubrimientos inesperados que uno agradece tanto.

      En lo que he leído de Steinbeck siempre me ha parecido un maestro que sabía imprimir a la perfección tanto los ambientes como las personas (con sus diferencias y los cambios que experimentan) y sobre todo de transmitir sentimientos y hacerte, incluso, padecerlos de alguna forma.

      Otra novela suya, también breve, es “De ratones y hombres” (de haber visto la película homónima no te fíes, pues aunque en el reparto están John Malkovich y Gary Sinise a mi me decepcionó bastante) que a mi también me gustó mucho y el final también me impacto sobremanera. Si algún día te animas espero que sea también de tu agrado.

      Un saludo.

    4. Hypathia dijo...

      ¡Hola, Jorge!
      Este año es, para mí, el AÑO STEINBECK, y eso significa que hasta que no lo lea todo lo que de él caiga en mis manos o me harte (a estas alturas ya no es posible) no voy a parar. Es la condena del lector. =_= ¡Jajajaja!

      Estoy un poco en ascuas con "De ratones y hombres", porque es uno de los que quiero leer, pero tengo entendido que lo ideal es leerlo después de "Dulce jueves", que a su vez es mejor leerlo después de "Cannery Row"...
      Supongo que acabaré alterando el orden, leyendo el que consiga primero.

      ¡Un saludo y muchas gracias por escribirme!

    5. Vero dijo...

      Lo he leído hace un día y estoy todavía emocionada. Quiero leer todo lo editado de Steinbeck, me ha fascinado.
      Como tú ya me había fijado en la metáfora de las hormigas, vaya detalle tan nimio y lo que significa...
      Qué duro es este libro y lo que me ha gustado.
      Saludos,

    6. Hypathia dijo...

      ¡Lo de las hormigas! ^_^ Es que es buenísimo. Yo también estoy como tú, Vero, en plan devoradora de Steinbeck. Pero a veces me impacta tanto que no puedo escribir nada: me pasó con "Las uvas de la ira" y con "De ratones y hombres"... Es soberbio este hombre.

      ¡Un abrazo...! Por cierto, vaya pasada de blog que tienes, ¡me he hecho seguidora! ^^

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